Supongo que cuando me di de alta en una aplicación para buscar pareja no imaginaba que acabaría convirtiéndome en una ONG. Pero comencemos desde el principio.
¿En qué momento una mujer de casi cincuenta años, viuda, católica, con una mastectomía y dos hijos decide empoderarse, como dicen las modernas, y hacerse cargo de sus emociones? Y ¿de qué manera, simbólica, eso sí -porque ella es una mujer de metáforas- puede descolgar el cartel de ocupado que luce desde hace ya tres tristes años? Sin lugar a dudas, abriéndose un perfil en una de esas páginas que aseguran que darán con tu media naranja.
Los intentos por llenar el hueco que dejó su última pareja, y la anterior, y la anterior, así hasta donde alcanza su memoria, habían sido infructuosos. Tanto es así que un máster después, varios cientos de bolsas de pipas y decenas botellas de vino, compras compulsivas y sesiones interminables con sicólogas de pago, llega a la conclusión de que hay que pasar por encima de los prejuicios de su generación y colgar una foto junto a varios filtros que mantengan a raya a los que buscan pasar el rato, a los simples, a los juerguistas, a los incultos, a los fumadores, a los mayores de sesenta, a los que tengan hijos pequeños, a los ateos, a los bajos, a los resentidos, a los pasivos, a los maleducados, a los ratas, a los pijos... Y recuerda aquel poema de Mario Benedetti que la ha acompañado durante tantos años:
No existe esponja para lavar el cielo
pero aunque pudieras enjabonarlo
y luego echarle baldes y baldes de mar
y colgarlo al sol para que se seque
siempre faltaría el pájaro en silencio
No existen métodos para tocar el cielo
pero aunque te estiraras como una palma
y lograras rozarlo en tus delirios
y supieras al fin como es al tacto
siempre te faltaría la nube de algodón
No existe un puente para cruzar el cielo
pero aunque consiguieras llegar a la otra orilla
a fuerza de memoria y pronósticos
y comprobaras que no es tan difícil
siempre te faltaría el pino del crepúsculo
Eso es por que se trata de un cielo que no es tuyo
aunque sea impetuoso y desgarrado
en cambio, cuando llegues al que te pertenece
no lo querrás lavar ni tocar ni cruzar
pero estarán el pájaro y la nube y el pino.
"Otro cielo", Mario Benedetti.
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